sábado, julio 04, 2009

SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO





Estaba asomada a la ventana , fijó su retina en aquel océano de color azul intenso , el sol ya estaba recostándose en el horizonte y se mostraba elegante de un amarillo nítido ,brillante, tímidamente asomaba la luna , como una niña perezosa elevándose hacia las nubes . Descorrió el visillo de color marfil y lo vio en el pequeño embarcadero.

La casa estaba situada en la cima de un acantilado. Buscaron esa, su morada durante años y fue en uno de aquellos viajes esporádicos cuando él la encontró.
Se veía hermosa casi tocando al cielo, ella al verla le dijo:
-Es la casa perfecta – dibujando una sonrisa en sus ya marcadas arrugas.
Pero ella, siempre había sido esa forma, desde que se conocieran allá en el perder de los años. Se entusiasmaba por cualquier motivo, y él estaba acostumbrado a su impulsividad, que ahora con el paso del tiempo había perdido la esperanza de cambiar.
El le sonrió, con aquella sonrisa picara que conservaba de niño travieso, cerrando sus ojillos y ladeando la cabeza.

Era su balanza, su equilibrio. Su serenidad más absoluta.

Arreglaron aquella vieja casa, en ruinas cuando la compraron con el gusto exquisito de él. En realidad aquella casa se parecía bastante a los caminos que habían tomado sus vidas, paralelos, confusos, y casi nunca con ningún punto de inflexión. Llevaron a esa, su morada, todos aquellos recuerdos que acumularon durante sus extrañas vidas. Recuerdos de viajes, de sentimientos encontrados, de amor, de odio, de reconciliaciones y de ausencias durante años. Todo aquel bagaje estaba representado en pequeños retazos que como la luz del faro iluminó sus vidas.

Al final, sus vidas confluyeron , por motivos inexplicables y fuera de toda lógica. Muchos decían que era el destino, pero no estaban muy seguros de que hubiese sido el azar. Sus vidas estaban llenas de extraños encuentros y desencuentros, aunque siempre prevaleció, un cariño inmenso, inconmensurable y atemporal, que resistió las embestidas de la vida.

Ella perdió durante mucho tiempo la esperanza de volver a ver esos ojos . Pero quizás las leyes del universo se pusieran de acuerdo, y concurrieran de una vez , en que estos dos seres estuviesen unidos, quizás solo al final de sus vidas .

La casa de dos plantas , albergaba en muchas ocasiones amistades de uno u otro que venían a visitarlos en un gran salón con chimenea, la parte superior la conformaba una gran sala con una bañera que él había dispuesto para ver directamente el mar desde la ventana .De todos los enseres quizás el mas importante era una vieja mecedora que ella le regaló, con una inscripción oculta en uno de los apoyabrazos , era su pequeño secreto que nadie sabía así como la manta de cuadros azules con la que ella le tapaba cariñosamente .

El hombre de tierra adentro, ella mediterránea hasta la medula, con aquella fusión del mar y la montaña verdaderamente prodigiosa .El introvertido, callado y ella extrovertida y parlanchina. Muchos días salían a navegar en su vieja faluca , y la dejaban al pairo . Allí conversaban horas interminables bajo la atenta mirada de las sirenas que venían a acompañarlos .Los delfines merodeaban y hasta el Rey Neptuno sonreía al observarlos.

De la casa salía una escalinata que bajaba directamente a un pequeño embarcadero. En los días de sol tibio, él bajaba a pescar. Le veía alejarse con su paso de gacela, parecía que sus pies ni rozaran el suelo ¡Siempre se admiró de su forma elegante de andar! Ella siempre le miraba huidiza, detrás de aquel visillo, admirándose una y otra vez de su gran estatura y envergadura que conservaba a pesar de sus años.

Siempre fue un hombre reservado y tímido, pero ella le amaba tanto que hasta cuando el solicitaba sus silencios, ella disfrutaba con solo observarle..

Bajaba las escalinatas y allí abría la pequeña cesta de mimbre, para sacar los enseres y colocar el cebo, lanzando la caña al agua esperando a que algún despistado pez le picara.
Ella le observaba desde la ventana, pensando que ya no se podía amar más y en el supuesto que existieran más vidas, estaba completamente convencida, que ellos estuvieron juntos. Ahora, pensaba serenamente, por fin hemos solucionado este pequeño percance para la eternidad, y suspiraba profundamente.

Pasaban largas horas, y entonces volvía a verlo subir las escalinatas con algún pez. Se apresuraba con paso firme y en su rostro se dibujaba una eterna sonrisa. Ella siempre lo veía como el adolescente que conoció, y aunque fue consciente que durante muchos años se distanciaron, sabía perfectamente que se volverían a encontrar en el devenir de los años por casualidad, y esta vez ya para siempre.

Recordaba vivamente cuando reconocieron, el vestía una camisa azul y unos tejanos…¡Era tan alto!..

Peor fue mucho después cuando se hicieron novios y cuando el destino los volvió a separar de nuevo..

Ya estaba llegado a la puerta de la casa, ella se apresuró a sentarse, pero su corazón latía fuertemente como un caballo desbocado. Siempre le ocurría igual.
Escuchó como la cerradura se abría, y como él entusiasmado la llamaba.
Nadie en la vida la había llamado de esa manera, y lo hacia con tanto frenesí que ella una y otra vez se sorprendía.

Se acercaba con la pieza pescada y ella siempre le decía que era más grande que la del día anterior aunque no fuese cierto , y él la besaba en los labios ..

.. Sus besos ..

Con él aprendió a besar y siempre que lo hacia se quedaba como blandito y tierno.

-¡Enciendo el fuego!- decía el. Parece que esta noche va a refrescar ..
Y le veía alejarse con el paso de gacela hacia la lumbre ..
Después cenaban, y cuando el fuego chisporroteaba en la chimenea, ambos se sentaban. Él en la mecedora, ella a su lado.

Siempre fue un señor y ella se sentía orgullosa de aquel hombre que había marcado definitivamente su vida ..

Él le cogia de la mano, acariciándola. Aquellos dedos huesudos y largos que siempre le parecieron maravillosos, y se quedaba dormido .Entonces ella lo arropaba con la manta y le besaba en la frente, pasando sus dedos por la facciones del ser amado.

Recorría con sus dedos las cejas, su grandota nariz, sus ojillos y aquellos labios, en los que sobresalía el labio inferior, y entonces de una manera involuntaria le besaba delicadamente. Él sonreía y su cara reflejaba paz y serenidad.
Se acurrucaba entonces y se dormía profundamente ..

Ella le observaba mientras el fuego chisporroteaba en la chimenea.
¡Como le amaba Dios!
Le amaba con toda la fuerza del universo y rememoraba tantos recuerdos que se agolpaban en su mente, cayéndole una lágrima por el rostro de felicidad.

Ahora estaba segura que ya no se separarían, y que todo lo que habían sufrido no era en vano. Y que el tiempo que les quedara la vivirían unidos.

Mas allá de la vida , mas allá de la muerte .. Hasta la eternidad


Angels Vinuesa

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