sábado, diciembre 12, 2009

ESOS QUERIDOS LOCOS






En estos interminables viajes que realizo con regularidad a la Ciudad Condal en el tren Catalunya Express, soy espectadora imparcial de historias comunes, pero que siempre llaman mi atención como escritora, y me hacen reflejarlo en mi blog.

Son personajes anónimos que yo mediante esta plataforma, los hago protagonistas por un instante, dándoles ese minuto de gloria que quizás nunca tendrán en su vida.
Los hago actores de este espectáculo que es la vida corriente, y que cobran fuerza a través de mis letras un día cualquiera.

……………………………..

Cojo el tren muy temprano, para aprovechar mi día libre, y llegar con tiempo a las obligaciones que en este momento de mi vida tienen una importancia primordial.

La hora y media que me separa de la gran Barcelona , da para mucho, y aparte de deleitarme de ese Mar Mediterráneo que nos acompaña durante toda la travesía y que ya esta impregnado en mis pupilas desde niña , me hago participe sin quererlo , o en el fondo sí un poco de historias como la que hoy os contaré.

Junto a los sonidos intermitentes de las músicas de los móviles, algo ha llamado mi atención esta fría mañana de Diciembre del 2009.

Subieron al tren en Tarragona, pero sólo hacerse presentes en el vagón, se hicieron notar escandalosamente, cuando aún el sueño se apoderaba de los demás ocupantes del vagón.

Ella superaba los cincuenta, pero pertenecía a ese grupo de mujeres divorciadas que hacen de esa segunda oportunidad que les brinda la vida, un acto de rebeldía en contra del tiempo.

Vestida de rojo pasión, zapatillas de deporte incluidas, marcaba un corte de pelo que nada tenían que envidiar a los soldados que han marchado a la guerra de AFGANISTAN.

Iba cubierta de un plumón rojo siendo la típica mujer de haber estado sumergida en el uso de los antidepresivos, y que antes de tomar la decisión de divorciarse, pasó por el túnel de las indecisiones, y las cábalas de proponer una nueva vida diferente a la que ya había tenido hasta ahora. O eso es lo que explicaba a grandes voces.

Su "partenaire" , era un hombre que no llegaba a los cuarenta, sin embargo la calvicie le había hecho mella, y sus kilos alojados en un abdomen fondón , era el fruto de las comidas copiosas y desmesuradas , y que le hacia estar estrecho en los asientos del tren.

Por su animada conversación que me tocaba directamente en frente de mi lugar en el tren, se traslucía una cierta desconexión con el mundo real.

Él le explicaba chistes incoherentes a los que ella respondía con un:

-"Cállate que no me hace ni chispa de gracia, tonto”-dándole una colleja a continuación.

Él no se daba por aludido en absoluto, ya que su esfera mental estaba en otro mundo que no era éste desde luego, y su mirada perdida en el infinito me lo confirmaba.

Una frase, fue la clave de tener consciencia de que tipo de “peculiar pareja” eran mis compañeros de viaje en ese día.

“Ya nos lo aconsejó nuestra psiquiatra”- dijo ella calzándose unas exageradas gafas de sol, que resaltaba aún más el rojo carmín de sus labios.

Fui consciente entonces que ambos acudían a terapia , y que sus mentes andaban perdidas por el ignoto mundo de las sensaciones perdidas , y que por recomendación de su médico , y solo por ese motivo, habían decidido ir juntos a pasar el día a la capital .

Reían a grandes carcajadas , despreocupados de las demás personas que ocupaban los asientos contiguos , y que se habían percatado como yo , que “aquellos queridos locos” , en su peculiar trastorno, se notaban más felices que los otros cincuenta que andaban preocupados por el quehacer diario y que observaban la escena impertérritos.

Su única preocupación era el pasar un día de asueto paseando por la gran ciudad , lejos de la terapia , o quizás como una terapia más , sin ajustarse a las medidas convencionales de nosotros , sus acompañantes en ese corto viaje .

Los vi bajar en la estación de Sants , cogidos de la mano , él dándole besos en la frente de ella , y ella dándole pequeños manotazos en hombro .

Me pregunté entonces, si ellos eran los normales y nosotros, el resto, los que no lo éramos.

A ellos se les veía felices en ese mundo fantástico donde la mente no esta sujeta a ningún canon.

Esos queridos locos que viven en un mundo donde su pentagrama marca los ritmos al revés, y donde su música es particular e individual en sus mentes prodigiosas.

Aquellos que perdieron el rango de la normalidad, y que sin embargo conviven entre nosotros como si tal cosa, y a veces sin darnos cuenta.

Porque sus pensamientos no están sujetos a ningún convencionalismo, siendo libres como pájaros pero, subyugados a su mundo particular.

¿Son felices me pregunto?

Mi respuesta es silenciosa y silente.

.. Y nosotros... ¿Lo somos?

¡Quién sabe la respuesta!

Angels Vinuesa

No hay comentarios: