jueves, mayo 30, 2013


LA MANICURI DE ANNAYSI
 
 
 
 
 
 

Sentada en la sala  de la casa ,con el murmullo de la lluvia tropical que golpea con suavidad los ventanales de madera, sin más  cristal que  el  roce de las gotas de lluvia que sacuden los mangos que caen escandalosamente sobre las  baldosas del patio, con un pollito que parece haberse  enamorado de mis tobillos  y no deja de piar   alrededor de mis pies me  decido a  escribir  sobre la manicuri (manicura  para nosotros )que  es un oficio  que bajo patente se dedican muchas  de las mujeres en este país, y  que  hacen de arreglar las uñas su “modus  vivendi” .

Anaysi , es una cubana de piel blanca y carnes  prietas , con sus ojos maquillados  a la perfección y sus cejas  depiladas perfectamente, que con  su forma peculiar de  pintar la uñas ha hecho que su fama haya trascendido fronteras y  pasa la mayor parte del día sentada  en un pequeño cubículo, sin más muebles que una mesa  hecha de  madera, con estanterías   a ambos lados donde  reposan una veintena de  lacas de  colores, un torno que  le  enviaron del  “yuma”,y un pequeño frasco donde  descansan  los pinceles que Anaysi utiliza para trazar  diversos dibujos,  especiales decorados imposibles como  si fuera un lienzo  del mejor pintor. La imaginación de Anaysi no tiene límite, y  solo con una pequeña indicación dibuja  en ese diminuto espacio que es la uña  pinturas abstractas que lucen todas  y sin excepción  la mujeres de  este  pequeño pueblo del  centro de Cuba.

Un viejo aparato de música ,  suena  con salsa y reggaetón a toda  potencia en este pequeño espacio, y Anaysi no deja de  arreglar la uña mientras al unísono  atiende  a todas y cada una de la mujeres que se  acercan  a verla . Tanto hablan  de la gimnasia a la que  acuden matinalmente, como da indicaciones a una menuda Claudia(su hija), que  entra y sale  de la pequeña habitación , donde ya somos  cinco personas , y  el perro que dormita  en la puerta  sin importarle  lo más mínimo que  aquello se vaya  rellenado hasta  casi no poder  respirar . El ventilador   gira sus  astas   cansinamente, para mitigar  el asfixiante  calor que  derrama  sus rayos en el  suelo del patio colindante.

Suena un  antiquísimo modelo de  teléfono inalámbrico, y Anaysi sin dejar  de limar  las uñas , atiende la llamada , dejándolo en manos libres , por lo que  todas las  que estamos en espera de “la manicuri” , somos testigos de una conversación  que  debería ser privada .

Al otro lado del teléfono , una mujer  angustiada  con  la confirmación de  permiso de  salida de la  isla , espera impaciente los documentos  del marido que está en los EEUU, pero  que no  llega a contestar la llamada  de la  que está solo a 90 millas  pero desea con fuerza , dar un paso  a otro mundo diferente  al que su retina está acostumbrada. Todas las  mujeres en espera opinan sobre el hombre que  está  en los EEUU, dedicándole toda clase de improperios e haciendo piña con la mujer qué  está al otro lado del teléfono que  es inconsciente que su conversación está siendo escuchada en estéreo por todas las  demás  clientas.  

Anaysi le  responde, dándole   ánimos, sin dejar  de poner  relleno  en unas uñas demasiado cortas, y sin dejar al mismo tiempo  y en la misma  cadencia del tiempo de hablar con la clienta, explicándole como le van a quedar las uñas y  explicarle que allí de donde  viene van a quedar a asombrados por su destreza .Imaginando que quizás allí ella se haría millonaria y que aquí solo le sirve para subsistir.

  Seguía la conversación con la que estaba al otro lado del teléfono, y reñía a la niña que  entraba y salía  con un triciclo comprado en las tiendas por dólares, y a la  no podían acceder los  cubanos de a pie, por su alto precio   a no ser que  fueran ayudados por aquellos que  estaba en el extranjero, hasta que la mujer se tranquilizó y colgó el teléfono.

-¡Está bien, mima, luego me llamas!-le contesta Anaysi a modo de  despedida pero sabiendo que minutos más  tarde  volvería a llamarla hasta que el “xingao” que  está en el “Yuma” le respondiera.

Anaysy, todo  esto lo hacía  al mismo tiempo y  sin demorarse  al saber que  detrás de  esa clienta , habían cuatro más , y que  la mujer  que le cuidaba a la niña ,  le había dicho que ella se quedaba hasta las cuatro porque  tenía que  atender  su casa, que le dejaba escogido el arroz , pero  que si  tardaba un poco más, tendría que dejar  a la niña sola.

Anaysi  se quejaba de las cervicales sin inmutarse lo más  mínimo ,porque  sabía  que  ese  el  único  modo de llevar la comida  a  casa y no pensaba  ni por un momento , perder  un segundo más,  en unas uñas  que  a pesar  de todos los inconvenientes había quedado realmente preciosas y serian el orgullo de todo el barrio.
 
 

-¿Cuánto  te debo Anaysi?-le pregunto

-Cuatro dólares, mima –me dice  en tono cansino.

Me voy de la  casa dejando el barullo de aquellas mujeres que siguen en un  tiempo  que parece haberse  detenido por un instante y donde la vida  continúa  sin más preocupación  que  el quehacer diario.  

Angels Vinuesa        

No hay comentarios: