Diario de una muerte anunciada De cómo me siento, solo Dios lo sabe. Estoy inerte, creo estar muerta en vida. Mis ilusiones han ido decayendo en un vertiginoso río, que ha ido hundiéndose más y más. He tocado fondo, eso lo se, y a veces mi mente se queda bloqueada, asustándome a mi misma. He entrado en un ostracismo de las ideas, en la más absoluta soledad interior, no interesándome nada ni nadie. Me salva quizás el amor a mis hijos, que siguen estando a mi lado. Pero a veces siento que eso ni siquiera me sirve. Es sin embargo una terrible crueldad por mi parte, un somero egoísmo de mi misma. Mi vida ha ido dando tumbos hasta soterrarse en la más profunda depresión. He pasado los últimos meses encerrada entre las cuatro paredes de mi casa y aunque tuviese la necesidad de salir, volvía corriendo a recluirme. Cada vez mas encerrada en mí misma, como queriendo encontrar respuestas concretas al sentido de mi vida. Pero no encontrando nada para mitigar mi dolor. Es, en si un tremendo fracas...