Imprescindible en cualquier veraneo que se precie es salir de noche de fiesta. Es como si las personas sufrieran una extraña metamorfosis cuando la luna hace su aparición, y es entonces cuando los rimeles, los carmines y los zapatos de tacón de aguja salieran de su encantamiento para dedicarse a adornar las figuras femeninas y también las masculinas haciendo posible que la noche se tiña de colorido de neón. Las personas se ven embriagadas de una especie de felicidad exultante que es ficticia, y que fenecerá cuando los primeros rayos de sol aparezcan y a medida que las copas vayan llenando las ilusiones. La noche en sí tiene su encanto especial, parece que las terrazas de verano, bares y discotecas, tiendas de souvenirs se vistan de luz y color para recibir a los fiesteros. Hay en esta denominación de origen bastantes tipologias que voy a intentar retratar en ese objetivo que tiene mi pluma virtual, y que no hace otra cosa que dibujar en las letras los que mis ojos, color miel por ciert...
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