jueves, diciembre 07, 2006

Benposta

Buenos días ;
Corría el año 1995 cuando escribí la novela Benposta.La novela versa sobre un chico que vivió durante años en la conocida Ciudad de los Muchachos en Ourense. Creada en 1956 por su fundador el Padre Silva,resistìo 45 años despues,y se extendió por toda Sudamerica.Su fin el Circo ..
En estos días recibí un correo de alguien que estaba interesado en esta historia. Os dejo un capítulo para hacer boca....

Beposta Capitulo segundo Cuando llegaron a al escuela, ya era mediodía.

...Benposta estaba situado en un altiplano, cercado con una alambrada que rodeaba todo el recinto. Desde fuera solo se veía una gran fortificación con pequeñas casitas diseminadas dentro del recinto. Las casas no eran demasiado altas, de dos plantas con el tejado rojizo.

Tas empinar una gran cuesta se topó con la aduana. Enfrente un gran rótulo que rezaba Benposta, y debajo del un escudo con un centauro de cabeza llameante.

El tiempo parecía haberse detenido. Allí en la aduana no estaba franqueada por dos guardias barrigones y bigotudos, sino que eran dos muchachos vestido de uniforme.
Era el umbral, el espejo d entrada a un mundo irreal. De puertas hacia dentro, los que gobernaban, los panaderos, barrenderos, carpinteros, lo que posteaban la gasolina, los banqueros, los mecánicos de coches, lo de la metalurgia.. Eran todos muchachos.

El mundo de los adultos quedaba tras la verja de la aduana, y de un plumazo borraba de la faz de a tierra a todo aquel que tuviese mas de diecisiete años.
Estos eran los adultos, dentro de aquel mundo, detrás de ellos estaban cargos como los de alcalde, concejal.

Pero Benposta, no era solo una institución, porque se filtraban a través de las rendijas, los mismos pecados que existen fuera en el mundo adulto.
Las raterías, el ganarse el pan, el sobrevivir a un mundo hostil, el espabilarse por si mismo, los palos, las palizas, los abusos de poder.. La corrupción.
Todo esto solo era salvado, por la camaradería de unos muchachos que dejaron trozos de sus existencias tras aquellos muros.

Nafo no era consciente en ese momento de todo aquello, a él solo le primaba la ilusión por un mundo mágico, pero sobre todo el Circo, los caballos...

Benposta nace en Septiembre de 1957, en Orense, el Sacerdote Jesús César Silva Méndez, junto con un grupo de 15 muchachos de 13 a 15 años, siembran la semilla de lo que años más tarde se convertiría en un auténtico movimiento social, que adquiere identidad a través de sus comunidades educativas.
Ali acudiría diferentes niños menos favorecidos de distintos países y diferentes etnias. Bajo el amparo educativo y financiado por diferentes estamentos oficiales, Benposta se erige como una comuna de niños desfavorecidos económicamente.
El fin es unirlos bajo la carpa del circo. Cuando su fundador tuvo esta idea, le tildaron de loco, pero logro conseguirlo y que permaneciera su sueño durante cuarenta y cinco años después.
Una ciudad para y por los muchachos, donde sé autogobernasen ellos mismos. Una utopía difícil de encajar en la sociedad del momento.basada en una disciplina para militar que ejercían sin piedad, tanto los mas mayores, de dieciacho años, como progfesores externos.
Teóricamente en Benposta sólo existían niños y niñas, y como tales debían ser considerados.

Nafo, a sus escasos nueve años, no veía mas allá de sus narices, y pensó que dado que su familia era humilde, allí tendría la oportunidad de estudiar, prepararse para una vida mejor. Aunque la idea que se fijaba en su mente era la de ser un artista en el circo. Y pensaba que si tuviese aptitudes para ello, dado que los que carecían de ellas, se relegaban a uno de los tantos oficios que pululaban por la ciudad.

Los niños se acercaron a la verja, y le observaban de reojo. Un nuevo niño entraría en aquella ciudad, y solo sentían curiosidad por ver como seria. Su madre cambiaba sus ahorros, por la moneda de la ciudad: La Corona.
Esta acción la realizaba a hurtadillas de su hermana que no se perdía detalle. Ya que Dolores había vaciado una caja que guardaba debajo de su colchón, y ahora ala entregaba en la aduana. Nadie sabio que Dolores había estado ahorrando, desde que Nafo decidiera ir a la Ciudad de los Muchachos.
Lo cierto es que la finalidad de aquel ahorro, no había sido para este menester, pero al final el objetivo fue lo suficientemente justo. Y cuando aquel jovencísimo guardia, le recogía hasta la ultima peseta, ella sentía que había hecho lo justo para que a su hijo no le faltase de nada.
Tras esto, le hicieron firmar unos documentos, donde rezaba:
Pasaporte de Benposta
Ese era el único documento que seria útil dentro de la Ciudad. Un pasaporte propio e intransferible.
Una vez concluidos los tramites, Dolores se acercó a su hijo, rodeándoles con el brazo y dándole un sonoro beso, que el rechazo al instante, ante las carcajadas de los otros niños que observaban desde la puerta.
Dolores hizo caso omiso de su desprecio, y le dijo en un tono muy bajito:
-Mira, Nafo, quiero que sepas, que nosotros te queremos, y que ha sido tu decisión y no la nuestra la de traerte aquí.
....
Hizo una pausa, como para tomar aire y continuo..
-Pero también quiero decirte que no tienes porque quedarte sino quieres. Que siempre tendrás la puerta abierta para volver. Solo llámanos por teléfono y te vendremos a recoger.
Nafo les escuchaba en silencio, casi de hurtadillas, pero sin prestar demasiada atención a lo que decía su madre. Estaba más pendiente que de aquel grupo de chavales que no hacían mas que reírse.
Sin ser casi consciente de la despedida, se vio solo, con una gran maleta y dos guardias que le conducían al chalet.

El chalet, en realidad eran dos pequeñas casas, donde habitaban los más pequeños. Los alevines, en una los niños y en las otra las niñas.
Estos pequeños, convivían con dos cuidadoras. Una de ellas, una mujerona de mediana edad aunque bien conservada les salió al encuentro.
Contoneaba su gran culo, a sabiendas que las chicas la observaban. Se le tenia bien creído aquella mujerona.
Recibió a Nafo con una gran sonrisa m, donde destacaban una blanca dentadura. Condujo a Nafo hacia el interior del chalet, donde la otra cuidadora saluda a Nafo con dos sonoros besos.
La segunda cuidadora no era tan guapa como la primera, pero tenia pinta de ser m buena mujer, cariñosa y amable.
Las funciones de las cuidadoras tenían un amplio margen de actividades durante el día, desde colocar la ropa limpia, hacer las camas, cocinar y la limpieza del chalet.
Pero cuando Nafo llego al chalet, a pesar que solo observo a estas dos cuidadoras, pensando que donde estarían los niños que no aparecían, alguien que era más famoso por sus fechorías, que por su buen hacer le miraba detrás de la puerta del chalet.
Era un niño, de cara salpicada de pecas, pelo rizado y una gran ristra de dientes torcidos. Era bastante poco agraciado, y unas grandes ojeras marcaba su menudo rostro.
Su nombre era Sergio, y era en estos momentos la máxima autoridad en el chalet. El jefe de aquella pequeña tribu de pequeños.
Su palabra era la ley en aquel pequeño rincón, y las cuidadoras hacían la vista gorda ante las actitudes del muchacho. Pensaban en su ignorancia, que si mantenían buena relación con el mocoso, este le pondría a todos a raya.
Así que como no querían complicarse demasiado la vida, y aquellos pequeños daban mucho la lata, Sergio era el que les podía mantener en orden.
Pero para su estrecha mentalidad, Sergio que hasta ahora se creería el rey, la llegada de Nafo, no fue muy bien recibido. Él le vio desde el primer instante como un posible rival que le podría desbancar del trono.
Y claro esta, no congenió en absoluto. Nafo era un niño rebelde, a acostumbrado a salirse con su voluntad y Sergio no estaba dispuesto a dejarse avasallar por un recién venid de la calle, que encima era un año menos que él.
Así que decidido que Nafo debería aceptar el papel de vasallo, y no el de competidos.
Se enfrentó a Nafo, desde el primer momento. Tanteo como imaginaba el que podía ser, y solo entrecruzando unas palabras, fueron suficientes para declararle la guerra.
..Pero fue su gran error, no-tenia ni idea con quien se las gastaba aquel menudo.

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