


“Si bien el otro día hablábamos del personal nocturno de la playa , hoy nos ocuparemos de todos aquellos personajes que visitan la playa en horas diurnas , no hay que decir que es imprescindible leer el anterior relato “La playa por la noche no está sola” para poder comprender este ( es una sugerencia , nada más ) “
Son las ocho de la mañana, la playa, ahora si por fin está solitaria, y desierta. Diseminadas y esparcidas entre la arena están las hamacas tendidas en azul y blanco, las sombrillas perezosas se encuentran recogidas en si mismas, y los patines en el túnel de salida, preparados para que los bañistas los quieran alquilar.
Reina un silencio absoluto, acompañado por el rumor de las olas al chocar contra la orilla. El sol, poderoso en lo más alto de un cielo azul celeste inmaculado. Ha despertado de su letargo, para seguir demostrando que el es el astro rey, a pesar de tener sus días contados.
Como por arte de magia, la playa se va poblando de una singular tropa que agruparemos en varias tendencias, como la moda.
Es mejor , pienso , después de tomarme el café en el chiringuito y de una noche ajetreada , esperar un poco más hasta que me venza el sueño, y descubrir desde la colina donde puedo ser observadora muda de los personajes que van apareciendo ante mis cansados ojos . Mi posición estratégica, es como una aduana donde puedo ver sin reparo a todo quisqui que baje a la playa.
Cuando estoy distraída observando como se afanan los currantes de la playa en tenerlo todo listo aparece ante mí la que llamaremos Familia Feliz. Prototipo de familia española, que bien están de vacaciones o bien tiene su segunda residencia en la playa, aunque estos suelen venir mas tarde.
Este prototipo de familia española está compuesta normalmente por los papás y dos niños de corta edad. Al papá lo conocerás porque ya se le averigua la curva de la felicidad , bañador discreto a media pierna , gorro y lleva dos sillas playeras , la mamá que siempre suele ir detrás con los niños de la mano , vestidito de playa de cortes orientales, y una gran bolsa colgada al hombro .
Los pequeños , con sus gorritos y chancletas , llevan cubitos , palas , y alguno más mayorcito un flotador , parecido a aquellos negros que se utilizaban en las playas de los sesenta y que no eran más que un llanta de una rueda de camión, lo que ocurre es que ahora son más sofisticados , de plástico y con algún anagrama , pero sobre todo ¡pesan mucho menos!
Es curioso que dichos cubitos se dejan olvidados en la playa al atardecer mucho más de los que pensamos , contando en más de una ocasión hasta veinte, con sus palas a juego.
La madre va riñendo a los chicos, y ellos felices bajan alegremente a disfrutar de un día de playa que luego explicarán a sus amigos del interior de la península. El padre delante pasa de todo, lleva los ojos llenos de sueño y normalmente mala leche.
¡Joder lo que pesan las sillas!
¡Cada día la misma historia, os dejo en la playa y me voy a la sombra a tomarme un tinto de verano!- exclama en sus adentros.
A la limón pero un pelin mas tarde hacen su puesta en escena las señoras de buen ver , con estupendos bronceados , pareo a juego con el bañador y silla en la otra mano , amén de la citada bolsa que también cuelgan de su hombro .
Ellas como no tienen maromo, o bien se ha quedado en el bar, arrastran con todo el equipaje, alegres y distendidas.
Ya tirando hacia el medio día aparecen las parejas de enamorados, que han aprovechado sábanas y buffet libre en el hotel, y suelen bajar a la playa cogidos de la manita y besuqueandose hasta la orilla, amén de algún achuchón en el trasero de la chica que responde con un:
¡Cariño, que nos van a ver!
Empieza a calentar de veras el sol, que ya se encuentra en su punto más alto cuando llegan los adolescentes. Despeinados ellos, sin más utillaje que las zapatillas, el bañador, normalmente bermudas y una toalla colgada en un hombro.
Ellas benditas adolescentes, con impecables bikinis de vertigo imposibles para cuerpos que no sean de esa edad, bolsas y zapatillas a juego. Ambos suelen llevar walkman en los oídos.
Los chicos al llegar a la playa arman un alboroto tremendo, acabando con una gran carrera en el agua, para pasar seguidamente a sentarse en el chiringuito a tomarse una birritas . O a jugar a la pelota echando arena a todo el que está a su alrededor.
Ellas se tuestan literalmente al sol, impregnándose de bronceador hasta los dientes dando a la playa ese olor característico a veraneo.
Los turistas extranjeros suelen ser más madrugadores, pero los reconocerán por esa capacidad camaleónica de cambiar de color, pasando desde el blanco leche, al rojo pasión, para acabar con el marrón chocolate, que luego lucirán en sus países en los que el sol no sale ni por asomo. Rubias ellas, rubios ellos…
En la hora en la que supuestamente es la comida, y cuando ya han desparecido las familias felices y la señoras de buen ver , asoman en la playa todos aquellos trabajadores de los hoteles circundantes , que aprovechan el ratito que les dan de resuello para darse un chapuzón . Así que la playa se inunda de camareros, cocineros, botones de hotel, limpiadoras de habitaciones y todo el mundo laboral de temporada se da cita en la playa. Los reconocerán porque ellos no lucen el look playero, y normalmente llevan toallas delatoras del hotel al que pertenecen, normalmente blancas.
Al atardecer hacen su aparición las familias de emigrantes, que acabado el currro se acercan a la playa para pasar un rato. Son familias numerosas, compuestas de los diferentes miembros de una o más familias que ya residen aquí en nuestro país, pero que conservan el arraigo familiar que nosotros desgraciadamente hemos perdido.
Llevan consigo, mesas, sillas, mochilas para cenar en la playa y alargar un poco más la conversación sobre su lejana patria y sus costumbres.
Pero ¿Cómo?..
Ya están aquí las gaviotas y los perros.
¡Coño! Si esta peli ya me la se de memoria...
.. Y llega el anochecer en la playa, pero…
¡Eso ya lo saben!
Y sino lean el otro relato…
Angels Vinuesa
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