
Esta ha sido una de la cábalas que nos acompaña durante toda la vida. Durante años los humanos nos hemos preguntado si nuestro destino ya estaba escrito, o si bien era el que nosotros hacíamos cada día y por lo tanto lo podíamos modificar.
¿Es nuestra vida una gran carta donde están colocados los acontecimientos que nos van a ocurrir?
Si fuera así nuestro libre albedrío se iría a norris, y sería igual lo que decidiéramos porque el resultado sería siempre el mismo.
¿El destino de las personas está condicionado a las casualidades o a las causalidades?
¿Siempre que ocurre algo es porque tendría que ocurrir, porque estaba escrito que fuese asi, o bien pasa porque nosotros decidimos esto o lo otro?
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En estos días he leído una historia de aquellas más típicas de folletines que de realidad.
Unos jóvenes, ella española y e inglés se conocieron en un intercambio de estudiantes, que hizo que la española se trasladase a Inglaterra en (Devon) suroeste de Inglaterra.
Allí surgió el amor entre ella y el joven británico. Pero la finalización de los estudios de Carmen, y la separación geográfica, hicieron que estos dos novios se separaran, ambos tenían 25 años.
Ella regresó a España, pero se volvió a marchar a París donde reside actualmente.
El siguió su vida pero nunca olvidó a Carmen. Intentó buscarla denodadamente, pero no la localizó (seguramente no utilizo Google).
En un último intento escribió una carta a mano que envió a la madre de la chica en su ciudad natal.
Pero la fatalidad hizo que la carta se extraviase en la misma casa quedando atrapada detrás de la chimenea. Pasaron los años, hasta diecisiete, y la vida continuó.
Él tuvo un hijo, y ella seguía soltera sin haber encontrado un amor como el del inglés.
Por una casualidad , cuando decidieron realizar obras en la casa , los obreros encontraron esa vieja carta que había reposado detrás de la chimenea , mas de 17 años . La carta rezada la siguiente misiva.
‘Espero que estés bien. Te escribo sólo para preguntarte si te has casado y si alguna vez todavía piensas en mi. Sería estupendo saber de ti, por favor ponte en contacto si puedes’.
La madre al verla, llevo la misiva a su hija en un viaje de a Paris.
En esa carta, Steve, el inglés, le decía que se pusiera en contacto con él, y le dejaba su número de teléfono y su dirección.
Ella sin pensarlo, le llamó, y en menos de veinticuatro horas se había plantado en el aeropuerto de Paris para reencontrarse con su amor.
Dos semanas más tarde se casaban. Ambos tenia 42 años, había transcurrido el tiempo y ellos se habían vuelto a enamorar.
¿Seria el destino?
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A mí también me ocurrió una historia parecida, pero el final no fue tan feliz.
Esa historia en el siguiente capítulo.
Angels Vinuesa
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