jueves, febrero 19, 2009

VIAJE EN RENFE CON DERECHO A SAUNA






16 horas; Estación de Sants en Barcelona

Espero el tren sentada en el andén, me ha comprado una revista para aligerar la espera, a mi lado dos chinos hablan en su idioma sobre la ropa que llevan para sus tiendas, compradas AL por mayor en algún almacén del puerto.

16,03
Con puntualidad inglesa, se anuncia le tren destino a Zaragoza, procedente de la estación de Francia. El andén esta repletito de gente, es miércoles no entiendo la causa de tal aglomeración.
Como ya me conozco el tren, me arrimo a la vía para intentar ser la primera en subir, ya que en muchas ocasiones el tren ya viene lleno desde Paseo de Gracia.

16,04
Logro subir la primera ¡Eureka!. El interventor (antes revisor) nos vaticina que el tren va bastante lleno.

Lo de bastante imagino que es no saber el significado de la palabra, el tren esta ocupado hasta los topes. Ni un asiento libre , camino por lo vagones y al no ver la posibilidad de poder sentarme decido irme al descansillo del vagón , donde supongo hay menos gente y resultará menos asfixiante .

16,10
Me equivoco, el descansillo del vagón está hasta la corona. Más de 30 personas en un habitáculo de menos de 10 metros.

16,30

La gente se acomoda como puede en los pequeños rincones de la plataforma , a mi derecha una muchacha joven empieza a ponerse pálida , enfrente de mi cara pegado a mis narices un negro de la más profunda África suda a raudales , a mi izquierda un Magrebí empieza a recitar en su idioma .

16,45

El calor se hace insoportable, no hay aire, empieza el ahogo y recuerdo que alguna vez había tenido una crisis de claustrofobia. Mejor no pienso. Intento distraerme con la revista, pero no lo logro, me saco la chaqueta, el ambiente cada vez esta más viciado.

16,50
El tren no tiene una parada hasta S. Vicenç de Calders, eso representa que haremos más de 100 Km. de pie , apretujados en aquel cuchitril . De repente aparece el interventor (antes revisor) que como puede entre la gente se dedica a pedir los billetes.

Le increpo:

-¡Por favor!, ¿No hay aire en este tren?-

El Interventor con actitud chulesca me mira y se recogocija en su sarcasmo.

-Si quiere le puedo vender el billete con derecho a sauna, ¿no se gasta el dinero en un gimnasio? Pues aquí es gratis.

Me revuelvo, la chica de mi lado parece desmayarse, los pobres que estábamos hacinados en el descansillo se alteran ante el morro del Interventor.

-¡Un poco de respeto! - le digo al señor de la RENFE – nos estamos asfixiando

Un señor que había optado por ir entre descansillo y descansillo de los dos vagones le increpa.

-Solo nos falta un lanzallamas, para quedarnos fritos.

Vuelvo a la carga sin contemplaciones.

-¿No podemos viajar con la puerta abierta? – le digo en plan ya de recochineo

-¡No!- me responde - eso no esta permitido.

Le miro fijamente, los comentarios empiezan a subir de tono por los otros enlatados como sardinas que como yo viajaban en aquel descansillo.

-¿Y está permitido, pagar por un billete, y tenerlo en hacer en estas condiciones?

Ni me contesta, sigue su camino hacia otros vagones.

Yo me río por lo bajini, ¡mañana saldrás en mi blog pienso, de eso no te libra ni Dios!

17 horas

Llegamos a Sant Vicenç de Calders , los viajeros esperan en el andén para subir al tren , pero nuestra puerta no se abre , imposible que suba alguien más . Los viajeros protestan pero nos oponemos a que suba ni un alfiler.

17,05

La muchacha que está a mi lado , se desmorona , la revista sirve para hacerle aire , pero no puede caer al suelo porque no hay espacio , todo esta ocupado por personas . La recuperamos , el africano ,el magrebí y yo misma . Le damos agua.

El tren sigue su marcha sin detenerse en las siguientes estaciones. El calor sigue subiendo y veo un cartel en la pared que dice:


Derechos de los Viajeros...bla bla bla

……… El viajero tiene derecho a recibir el servicio en condiciones de calidad y seguridad………

Me parece mentira que en un país como el nuestro, RENFE no prevenga que ocurran estos hechos, y no ponga soluciones.

17,20

Llego a Reus , y formulo la reclamación , otros viajeros también lo hacen , pero tengo poca confianza que me respondan. El jefe de la estación de Reus se muestra comprensivo hacia mi cabreo , y me pide disculpas cursando con celeridad mi reclamación …

¡País de locos!

Lo peor de todo es que la semana que viene tendré que volver a subirme en ese tren si más remedio.

Angels Vinuesa.

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