viernes, julio 09, 2010

EL FANTASMA DE DULCINEA DEL TOBOSO





EL FANTASMA DE DULCINEA DEL TOBOSO


-¡Había sufrido un encantamiento!

Ahora estaba completamente convencido de ello. Sus pensamientos después de unas horas se había recolocado, y empezaba a salir de esa sensación de atontamiento que sintió durante el día anterior.

Nunca supo el porqué de su atracción por la Lagunas.Las visitaba desde pequeño, y volvía una y otra vez durante años. Era como una relación extraña que le hacia enfadarse sin motivo cuando el nivel de las aguas bajaba. Se preguntaba entonces el porqué ocurría, temiendo en todo caso que llegase un día en el que las aguas trazaran otro rumbo y se desviaran hacia otro lugar.

No existía razón lógica para pensar que ello ocurriese, pues, si bien, no se sabía a ciencia cierta de donde provenían las aguas remansadas que habían producido aquellas lagunas, tampoco sé sabía por donde venia el cauce, ni cual era su origen, así que, de alguna forma caprichosa, podrían enamorase de otros paisajes y entonces dejar ese lugar seco.

Tampoco existía razón lógica para pensar que aquellos ojos de la mujer desconocida se fijaran en su retina como adentrándose en sus pensamientos. Ella, la mujer desconocida, no tenia porque saber, ni conocer esos pensamientos íntimos, ni cual era la relación que le unía a esas Lagunas. Pero lo cierto es que los ojos de la mujer desconocida le cautivaban, le subyugaban y le hacían perder los papeles.

Era una mirada transparente, como las aguas de la la laguna, pero al mismo tiempo, era una mirada inquietante, que le hacia disparar el corazón de una forma absurda e irracional.

Pasearon de una a otra , y cada vez que la mujer desconocida, azuzaba su cabello, esbozaba una sonrisa, o simplemente se sentaba junto al cauce mirando fijamente el agua , le hacia estremecer.

Sentía entonces, la necesidad de acercarse, y oler aquel extraño perfume que no se percibía en la distancia. Era una mezcla de almizcle e incienso, y al olerlo, tenia irremediablemente que acercase más, y besarla. Era como un acto impulsivo que no dejaba otra opción. Como si fuese eso lo que tenía que hacer.

¿Cómo le podía estar pasando esto a él?
¡No era posible!, Se decía. Pero la mirada de la mujer desconocida, el calor que desprendía, y ese olor extraño le estaba empezando a embotar los pensamientos.

No le dejaba pensar con claridad, y solo sentía el deseo de estar a su lado, muy cerca de ella sin dejar de tocarla como si ella tuviese una especie de imán irresistible para cualquier mente humana.

Era como un torbellino, una vorágine mágica de una fuerza insospechada para él, que le hacia tener reacciones no conocidas, aunque esas sensaciones le gustaran y se recreara en ellas.

El tiempo parecía haberse detenido, y las horas se sucedían sin percibirlas. El coche corría por las carreteras, como un fantasma, mientras que ella, la mujer desconocida no cesaba de hablar embriagándole con sus palabras.

Su voz era una mezcla de ternura y tristeza, y sus palabras entrelazadas con habilidad hacían que el contexto se hiciese cada vez más mágico y especial.

No entendía que le estaba ocurriendo, su mente había dejado de pensar coherentemente, y ahora se dejaba llevar por las sensaciones que sentía. Eran sensaciones intensas, llenas de sensualidad que ella, la mujer desconocida desprendía, y la envolvía como en un halo de color azul turquesa...

..Las cuatro de la tarde serian cuando el sol, entre nubes cubierto, con luz escasa y templados rayos, dio lugar a Don quijote, para que, sin calor y pesadumbre, contase a sus dos clarísimos oyentes, lo que en la cueva de Montesinos había visto...

El coche se encaminó directamente a la Cueva de Montesinos, y llegando a ese lugar, ella, la mujer desconocida se dirigió directamente a su entrada. Parecía caminar grácil entre los olivos y las piedras del camino como embrujada y atraída a la entrada de esa cueva.

..Vi que venia hacia mi un venerable anciano, vestido con un capuz de bayeta morada, que por el suelo le arrastraba...

Recordé en ese momento la lectura del Quijote de la Mancha, y el capítulo en el que hablaba de esa cueva, de Montesinos y del encantamiento que sufriera, junto a Guadiana su escudero, y la dueña de Ruidera, sus siete hijas y dos sobrinas por el Mago Merlín.

No comprendía por qué pensaba en esa lectura en aquellos momentos. No existía razón lógica para ello, y sin embargo se le presentaba como si Cervantes lo estuviese escribiendo en ese instante y al mismo tiempo, y en el mismo lugar en el espacio, como si Don Quijote le explicara a Sancho Panza su entrada en Montesinos.

¿Cómo seria posible, ese enlace de pensamientos extraños?

..Y aunque pasan de quinientos, no se ha muerto ninguno de nosotros, solamente faltan Ruidera, y sus hijas, y sus sobrinas, las cuales llorando, por compasión que debió tener Merlín de ellas, las convirtió en otras tantas lagunas, que ahora en el mundo de los vivos, en la provincia de la Mancha, las llaman lagunas de Ruidera...


La mujer desconocida, se encaminó a la entrada de la cueva, la seguía de cerca y hasta le di la mano para que no se cayera.

Bajamos a la cueva y entonces escuchamos voces...

¡No había nadie! Sola aquella mujer desconocida y yo mismo. Las voces se oían cercanas, pero provenían del interior de aquella cueva.

La mujer desconocida se descalzó, y comenzó a adentrarse. No hubo forma de explicarle que podía ser peligroso, pues existía como una fuerza que la impulsaba, sin que nada la pudiese detener.

El aire estaba denso, casi costaba respirar, yo la seguía de cerca, intentando ayudarla en vano. Ella parecía conocer el lugar como si hubiese estado allí , pero en un lapso indeterminado tiempo.
Este hecho me parecía prodigioso, ya que se suponía que aquella mujer no había visitado aquel recóndito escondite, donde no había casi luz, o al menos en el mundo de los vivos. Solo ese pensamiento me hacia erizar los cabellos.

En un momento se detuvo y escuchó muy atenta.. como si las voces le fueran conocidas.

-¡Son los fantasmas del Quijote y Montesinos! – dijo con una media sonrisa irónica y con la naturalidad más absoluta.

Yo quedé atónito ante esta afirmación.


Las voces siguieron oyéndose cada vez más profundas...


Las llaman las lagunas de Ruidera; las siete son de los Reyes de España, y las dos sobrinas de una orden santísima, que se llama San Juan. Guadiana, vuestro escudero.. fue convertido en un río, llamado de su mismo nombre; el cual cuando llegó a la superficie de la tierra, y vio el sol del otro cielo, fue tanto el pesar que sintió al ver que os dejaba, que se sumergió en las entrañas de la tierra...

Estaba completamente fascinado con lo que estaba viviendo, las sensaciones revoloteaban intensas, pasando del calor al frío más intenso . La mujer se había sentado en el suelo, las piernas cruzadas y la mirada atenta. La observaba en la media luz, su perfil, sus labios bien perfilados, su cabello recogido.
No lo podía creer, yo también escuchaba las voces. Era un hecho insólito. Esto no podía estar ocurriendo en el siglo XXI.

-¡Calla y escucha!- dijo la mujer desconocida como leyéndole el pensamiento, con una infinita ternura.

En ese momento la cueva se iluminó de forma extraña, y lo que vieron mis ojos fue realmente un hecho que no cabía en ninguna forma humana y que me sobrecogió el alma.

..oyeronse en esto grandes alaridos y llantos, acompañados de profundos gemidos y angustiados sollozos; Volví la cabeza y vi por las paredes de cristal que por otra sala pasaba una procesión de dos hileras de hermosísimas doncellas, todas vestidas de luto, con turbantes blancos sobre las cabezas... venía una señora, asimismo vestida de negro, con tocas largas tan tendidas que besaban la tierra. Su turbante era mayor dos veces.. traía en las manos un lienzo delgado, y entre el un corazón de carne momia...

Los estaba viendo, veía esas figuras semitransparentes que pasaban delante de mis ojos. Por más que me frotaba los ojos aquellos fantasmas estaban allí, y desfilaban delante de mi. Era real, no estaba soñando.

-Esos son los sirvientes -, dijo la mujer desconocida con la mayor naturalidad de lo que estábamos viendo, como si fuese del todo normal ver esa procesión de momias.
-También están encantados, y cuatro días a la semana hacen esta procesión, cantan y lloran. Y la que vistes , la señora del turbante que llevaba el corazón era Belerma que lloraba por su amante.

-Pero, no es tan bella como vos Dulcinea del Toboso – aquellas palabras salieron de mi boca de forma inconsciente. No podía dar crédito, estaba viendo fantasmas que paseaban por la cueva, y ahora ella me parecía Dulcinea. Realmente estaba encantado, embrujado por que aquella mujer.

Ella me miró con aquella mirada tierna y sonrió con la más maravillosa de las sonrisas. Después se acercó y me besó en los labios.

Simplemente dijo:¡Vámonos!

.. Y como no estás experimentado en las cosas del mundo, todas las cosas que tiene alguna dificultad te parecen imposibles; pero andará el tiempo.. Y yo te contaré cosas de las que allá abajo he visto, que te harán creer las que aquí te he contado, cuya verdad no admite réplica ni disputa.

Entonces supe que aquella tarde, en aquella cueva estuve con el fantasma de Dulcinea del Toboso, y sentí en mi locura, en el lugar más recóndito de mi alma como aquel caballero andante de la larga figura la había amado.

Angels Vinuesa

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