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ÉL, SIEMPRE LE ESCRIBÍA CARTAS….







Él, el chico, siempre le escribía cartas inocentes y pueriles. En ellas, redactadas con excelente ortografía, le hacía participe a ella, la chica, de su vida...
Después la releía , la doblaba cuidadosamente , la introducía en el sobre , y escribía con grandes letras su dirección.
La sabia de memoria, colocaba un sello en la parte superior derecha dirigiéndose a buscar un buzón.

Esta acción se había convertido en una rutina, salía alegremente a la calle, y a medida que se acercaba la buzón y cuando solo le separaban dos pasos, descuidadamente daba un beso en el sobre, escondiéndose de los transeúntes y la enviaba.

Tenía la certeza que, ella, la chica, la recibiría en pocos días e imaginaba que cara pondría al recibirla.
Solo ese pensamiento, le hacia sonreír y ser feliz.

Esperaba unos días, y salía disparado a mirar su buzón.
-Seguro que ya tengo noticias –pensaba-

Y nunca se equivocaba. Allí estaba la carta de ella.
La escondía en un bolsillo, y entraba en su casa .Entonces se metía en su habitación, y a solas la abría cuidadosamente.

Sus letras… era la caligrafía de la chica, la reconocía al instante, y sentía que le embargaba una emoción intensa. Muchas veces esperaba antes de leerla unos instantes hasta que su corazón recobrase el ritmo normal.

Abría el sobre casi sin romperlo, ya era una especialista en eso, y se estiraba en la cama, respiraba hondo y procedía a su lectura.

Sus palabras... sus muestras de afecto, sus andanzas, su forma de vida…
La leía y releía una y otra vez, buscando cada punto , cada exclamación , e intentaba pensar en que lugar la había escrito , como estaría sentada , si haría aquel mohín, tan característico con su chata nariz ..

Buscaba seguidamente aquella foto en blanco y negro, y repasaba con sus dedos sus facciones. ¡Era tan guapa aquella chica!...

Volvía de nuevo a leer la carta, y la guardaba en aquella caja que guardaba en el cajón de su escritorio.
Tenia almacenadas muchas, todas las que ella le escribiera, junto con las fotos en las que estaban los dos.

…………………..
Pasó el tiempo, y las cartas se espaciaron , y nunca más volvió a saber donde guardó con tanto celo aquella maldita caja.

Pasaron los años, y la vida transcurrió de una forma extraña. Vinieron los hijos, los achaques, los amoríos y el divorcio...

Nunca más se volvió a acordar de aquella caja.
En muchas ocasiones pensaba en ella, y en como le habría ido la vida... pero después y en el transcurso de los años la olvidó completamente.
Desterró aquel recuerdo para siempre de su vida. Lo arrinconó en algún desván de su memoria, sepultándolo en lo más hondo de su alma.

……………………….
Transcurrió el tiempo, y un día en su correo electrónico llegó un mail. Ella, la mujer, recibía muchos y variados, de amigos, trabajo... pero algo le llamó la atención.
Al verlo, algo se despertó dentro de ella. Fue como un resorte, una campanilla, un aviso.
Intentó restarle importancia, y pensar que aquello no era más que una coincidencia, una casualidad...

Hacia tanto tiempo que nadie la llamaba así. De hecho solo existía una persona en este mundo que la hubiese llamado de aquella forma.

Se puso a temblar como la chica que recibía las cartas , y por un momento, en su mente , resurgieron las imágenes de cómo ella corría a mirar al buzón , para ver si él , el chico, le contestaba .

Cuando recibía la carta, corría a su habitación, y se estiraba en la cama, aunque antes , esperaba unos momentos hasta que su corazón dejaba de latir con fuerza.

…Su letra… la reconocía al instante, era inconfundible. Pasados unos minutos abría el sobre con precipitación, y la leía varias veces. Primero apresuradamente, después, deteniéndose en cada punto, en cada exclamación... en como explicaba su vida lejos de ella.

Más tarde se levantaba y abría e cajón de su escritorio, para ver aquella foto en blanco y negro de ella junto a él, que guardaba celosamente.

Pasó el tiempo, y las cartas se espaciaron y nunca más volvió a saber donde guardó con tanto celo aquellas cartas...
………………………

Pasaron los años y la vida transcurrió de una forma extraña. Vinieron los hijos, los achaques, los amoríos y el divorcio...

Y ella siguió pensando en él, cada día, cada instante, y en como le habría ido la vida sin ella.

Y nunca le olvidó.
………………………………….

Ahora, delante de su pantalla del ordenador leía aquel saludo .Tenia que ser él, no podía ser ninguna persona más. Nadie la llamaba así.
Y esperó aún unos segundos hasta que su corazón dejara de latir deprisa antes de abrir el correo electrónico.

Pasaron unos instantes que resultaron interminables hasta que al final, ella, la mujer, se decidiera a hacerlo.

-¿Aún me recuerdas?- rezaba el mail.


Y recordó, como siempre lo había hecho, que cada diez de octubre, él cumplía años.

Busco en el ordenador aquella foto, con los colores nítidos de un mar al fondo, la miró, como tantas veces lo había hecho en los últimos tiempos, su mirada, su media sonrisa, su gran envergadura, aquella ternura que desprendía y suspiró.

Estuvo un buen rato contemplando aquellas facciones, la expresión de su cara y sintió un volcán de emociones perdidas, y hasta una lágrima se derramó por su rostro.

Minimizó la imagen, y clicó en el mail responder. Sin dudarlo un instante escribió:

¡Feliz, 50 cumpleaños!

Angels Vinuesa

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