viernes, marzo 29, 2013

SALIR DE FIESTA EN SEMANA SANTA








Ya está bien de tantas procesiones , y tanta película de romanos, es hora de ponerse las pilas y  salir de fiesta, pero una que  es exploradora y observadora  relata desde este rincón la  fauna de la noche



 Es como si las personas sufrieran una extraña metamorfosis cuando la luna hace su aparición, y es entonces cuando los rimeles, los carmines y los zapatos de tacón de aguja salieran de su encantamiento para dedicarse a adornar las figuras femeninas y también las masculinas haciendo posible que la noche se tiña de colorido de neón.

Las personas se ven embriagadas de una especie de felicidad exultante que es ficticia, y que fenecerá cuando los primeros rayos de sol aparezcan y a medida que las copas vayan llenando las ilusiones.
La noche en sí tiene su encanto especial, parece que las terrazas, bares y discotecas, tiendas de souvenirs se vistan de luz y color para recibir a los fiesteros.

Hay en esta denominación de origen bastantes tipologias que voy a intentar retratar en ese objetivo que tiene mi pluma virtual, y que no hace otra cosa que dibujar en las letras los que mis ojos, color miel por cierto, ven, observan y clasifican de forma involuntaria sobre la tecla de mi PC.

Esto ha resultado ser para mí una obsesión, hasta el punto que siempre llevo consigo una libretita donde anoto todo aquello que veo y me parece peculiar.
Aunque a veces lo peculiar es lo corriente, que no por ello deja de tener su importancia.

Pero volvamos a la nuit, la fiebre del sábado noche, la noche me confunde.

Me voy a referir a aquellos personajes que pueblan el paisaje nocturno en la costa, que es donde yo vivo ,y en una de las zonas mas fiesteras de la costa, donde abundan hoteles pareados , por la cercanía entre ellos, los viajes low cost con todo incluido y las playitas limpias por ahora y hasta que las medusas nos dejen.

Amén de los guardianes de la noche , porteros armario rusos de las discotecas , camareros, y ellas las camareras ataviadas con vestidos imposibles de clasificar , recogidos de cabello a lo loco y pintura a tutti plen, las gogós y sobre todo los gogós que siempre bailan de una forma uniforme cualesquiera que sea la música.

 Que tocan, DJ atrevidos, conservadores, locos que hacen vibrar las pistas de baile con viejas y archiconocidas canciones, o lo último del verano anterior.

 Los currantes de la noche que están hasta los huevos de aguantar tanta borrachera de turno, las peleas de los niñatos y de algunos extranjeros que vienen a quemar la noche hispana.









 Esos merecidos trabajadores que hacen que la noche sea algo menos peligrosa, los relaciones publicas de las discos y hasta los pobres que anclados en plena noche en la calle, llueva o te achicharres de calor se empeñan una y otra vez en darte el papelito de propaganda de la disco a sabiendas que dicho papel irá a la papelera más cercana de la esquina.

Dejando al margen los currantes de la noche vamos a dirigir nuestro objetivo a los ligoncillos que pueblan las discos.

Ataviados con ropa cara, perfume ídem y brillantina, cotejan la noche para ver que paloma pueden llevarse al catre, a poder ser esa misma noche, para olvidarla la mañana siguiente.

 En este ranking están también, las ligoncillas que vestidas como si fueran el anuncio del Corte Inglés, viene a hacer su Agosto a base de carne hispana. Lo del idioma no importa mucho, solo es cuestión de pieles, con aprender cuatro palabras tiene mas que suficiente, el resto son piernas y escote.

De todas formas entendí  porque nuestra piel de toro se invadió de suecas allá por los sesenta, cuando recalé mis huesos en los países nórdicos y sentí allí el frío en pleno agosto, la soledad de las casas en pequeñas islas y lo sombrío de esos países, donde todo el mundo va rápido a su casa y no se entretiene ni siquiera a tomarse unas birras .

Para entender los que las suecas hacían en nuestro país con españolitos de a pie es necesario acercarse a esos países y entonces lo verán todo clarito.

Las manadas de adolescentes que fiestean hasta altas horas de la madrugada a base de cubatas, y lo que no es ron con coca -cola, andando ciegos a pesar de las luces, como si salir de noche fuese sinónimo de:

“Salgo, me emborracho y por la mañana y por mañana a dormirla a la playa”

Cada lugar de la costa se abre a media noche, y es entonces cuando se decide, siendo la media noche el punto de partida que hará balancear el tono de positividad o negatividad que se convertirá posiblemente en una embriaguez descomunal.

Son las doce de la noche cuando empieza la tangana . Todos en sus lugares de curro, las botellas preparadas, la música a punto de empezar a girar, los camareros con prisas a última hora y en ese punto empieza la verbena.

La música lo inunda todo, y están tan juntos los lugares de fiesteo que la notas se entrecruzan, chocan y se arma la marimorena.












 Los fiesteros empiezan a mover el esqueleto no importando el tipo de melodías, tanto si es salsa, como bachata o hip hop. La noche entonces se vuelve loca de remate, y es como si ella, soberana lo gobernase todo haciendo un corte de mangas a la mañana, tranquila y serena.

Empieza como una prisa por divertirse, “es lo que toca”, reír y contar anécdotas que son de todos sabidas, aderezado por copas que van y vienen.

 A partir de las cuatro de la mañana la cosa empieza a decaer. Hay gente que sigue bailando enloquecida, otros que se retiran ya, y los más reiterativos que se empeñan en seguir la juerga.

Los ánimos van decayendo a partir de las cinco de la mañana, los currantes de la noche porque están deseando salir y meterse en la piltra , los reincidentes que ya han cazado palomas y se las llevan al huerto, y los que no han pillado cacho solitarios o en grupo haciendo los honores a la botella .

Las seis de la mañana es una hora crítica, empieza a caer el sueño y las vueltas al hogar son saber a esas horas:

-¡Donde coño he dejado el coche, si estaba en esa calle!

A las siete la noche ya se ha recogido, dejando lastre por las calles, de basura que las inunda, y ya con los de la limpieza que han empezado a barrer para demostrar que allí no ha pasado nada, dejando paso a los madrugadores, sombrilla en hombro que se afanan por encontrar un lugar en la playa.

Cuatro matados quedan en las aceras, esperando el bus que no llega o recordando:

-¿Dónde coño dejé ayer el coche?

Y cuando el sol hace su aparición, exultante de belleza amarilla, no queda ni rastro de la pícara noche que recoge fuerzas para prepararse de nuevo a encender la magia de las ilusiones, de las decepciones y de las resacas.

Pero ya es hora de ir a dormir que no hay cuerpo que aguante tanta fiesta.

Angels Vinuesa

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